dimecres, 30 de gener de 2008

L'ARC DE SANT MARTÍ, SÍMBOL DE PAU I UNITAT



Us anem a contar una llegenda india que ens ha inspirat per a la celebració del Carnestoltes del present curs. Desitgem us agrade.

"Cuentan que hace muchísimo tiempo los colores comenzaron a pelearse. Cada uno proclamaba que él era el más importante, el más útil, el favorito.

El verde dijo:
- Sin duda, yo soy el más importante. Soy el signo de la vida y la esperanza. Me han escogido para la hierba, los árboles, las hojas. Sin mí todos los animales morirían. Mirad alrededor y veréis que estoy en la mayoría de las cosas.

El azul interrumpió:
- Tú solo piensas en la tierra pero considera el cielo y el mar. El agua es la base de la vida y son las nubes las que la absorben del mar azul. El cielo da espacio y paz y serenidad. Sin mi paz no seríais más que aficionados.

El amarillo soltó una risita:
- ¡Vosotros sois tan serios! Yo traigo risas, alegría y calor al mundo. El sol es amarillo, la luna es amarilla, las estrellas son amarillas. Cada vez que miráis a un girasol, el mundo entero comienza
a sonreír. Sin mí no habría alegría.

A continuación tomó la palabra el naranja:
- Yo soy el color de la salud, de la fuerza. Puedo ser poco frecuente pero soy precioso par las necesidades internas de la vida humana. Yo transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, las calabazas, las naranjas, los mangos y las papayas. No estoy todo el tiempo dando vueltas pero cuando coloreo el cielo en el amanecer o en el crepúsculo mi belleza es tan impresionante que nadie piensa en nosotros.

El rojo no podía contenerse por más tiempo y saltó:
- Yo soy el color del peligro y del valor. Estoy dispuesto a luchar por una causa. Traigo fuego a la sangre. Sin mí la tierra estaría tan vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor de la rosa roja, de la flor de pascua, de la amapola.

El púrpura enrojeció con toda su fuerza. Era muy alto y habló con gran pompa:
- Soy el color de la realeza y del poder. Reyes, jefes de Estado, obispos, me han escogido siempre porque soy el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me cuestiona, me escucha y me obedece.

El añil habló mucho más tranquilamente que los otros pero con igual determinación:
- Pensad en mí. Soy el color del silencio. Raramente repararíais en mí pero sin mí todos seríais superficiales. Represento el pensamiento y la reflexión, el crepúsculo y las aguas profundas. Me necesitáis para el equilibrio y el contraste, el recogimiento y la paz interior.

Así fue como los colores estuvieron presumiendo, cada uno convencido de que él era el mejor. Su querella se hizo más y más ruidosa. De repente, apareció un resplandor de luz blanca y brillante. Había relámpagos que retumbaban con estrépito. La lluvia empezó a caer a cántaros, implacablemente. Los colores comenzaron a acurrucarse con miedo, acercándose unos a otros buscando protección.

La lluvia habló:
- Estáis locos, colores, luchando contra vosotros mismos, intentando cada uno dominar al resto. ¿No sabéis que todos hemos sido creados, cada uno para un objetivo especial, único, diferente. Juntad vuestras manos y venid conmigo.

Extendámonos a través del mundo en un gran arco de color, como recuerdo del AMOR universal, de que podemos vivir en paz y como testimonio de que es posible la UNIÓN como señal de esperanza para el mañana.

Y así fue como la lluvia lavó el mundo. Y como el arco iris en el cielo para que, cuando lo veamos, nos acordemos de que nos tenemos que tener en cuenta unos a otros".